miércoles, 2 de junio de 2010

Pues que el dolor venga.


Nacemos, vivimos y morimos. A veces no en ese orden. Enterramos las cosas, para desenterrarlas otra vez. Así que si la muerte nos es el final ¿qué puedes dar por hecho? No puedes dar nada por hecho. La vida es lo más frágil, inestable e impredecible que existe. Sólo hay una cosa en la vida de la que podemos estar seguros, no acaba hasta que acaba. No seguir pensando que será o no será de la vida que elijamos ver, hay gente que se mata estando en vida y sigue como un cadáver andando por las calles; esas personas son las que alteran el orden natural del ser humano, los procesos internos todo. Más de algna ves hemos repetido en nosotros mismo: "Si la muerte tiene que venir por mí que sea ahora mismo, porque tengo una vida por delante y pienso aprovecharla al máximo". Pero ¿Cuánto nos dura esa convicción? A veces las sabemos aprovechar a veces no. Cuando el dolo es inmenso la vista pierde objetivos y metas. El dolor adopta formas diversas, una punzada, una leve molestia dolor sin más, el dolor con el que convivimos a diario, pero hay un dolor que no podemos ignorar, un dolor tan enorme que borra todo lo demás, y hace que el mundo se desvanezca, hasta que solo podemos pensar en cuanto daño hemos hecho, como enfrentarnos al dolor depende de nosotros. El dolor anestesiarlo, aguantarlo, aceptarlo, ignorarlo. Para algunos la mejor manera de enfrentarse a el es seguir viviendo. La mejor a mi parecer, avanzar como siempre.
El dolor solo hay que aguantarlo, esperar a que se vaya por si solo y a que la herida que lo a causado cicatrice, no hay soluciones ni respuestas sencillas, solo hay que respirar hondo y esperar a que se calme. La mayoría de las veces el dolor puede aliviarse, pero a veces llega cuando menos te lo esperas, te da un golpe bajo y no te deja levantarte, hay que aprender a aceptar el dolor, porque lo cierto es que nunca te abandona y la vida siempre lo acrecienta.
Y allá lejos volvemos a encontrar el camino y el alivio necesario, pero que va. Nuevamente a pasar por el empedrado camino a pies descalzos. La meta: salir, y si se vuelve a entrar se vuelve a salir. La vida no pasa y gira en nosotros formando un círculo el cual lo vamos adaptando mientras comprendemos.

domingo, 30 de mayo de 2010

Ojalá estuvieras aquí


Todos podemos pedir un deseo al año, al soplar las velas en nuestro cumpleaños. Algunos pedimos más, con las pestañas, en las fuentes, al ver una estrella fugaz y de vez en cuando alguno se cumple. ¿Y qué pasa entonces? Es tan bueno como esperábamos? disfrutamos de nuestra felicidad o nos damos cuenta de que tenemos una larga lista de deseos esperando a ser deseados.
No deseamos lo fácil, deseamos cosas importantes, cosas ambiciosas fuera de nuestro alcance. Deseamos cosas porque necesitamos ayuda, tenemos miedo… y sabemos que quizás pedimos demasiado. Pero seguimos teniendo deseos, porque a veces se hacen realidad. Ahí está la clave misma de los deseos, sólo son eso... deseos. Me pregunto que pasaría si todos pudieran ver cumplido todos y cada uno de sus anhelos, esta misma interrogante se la hize hace unos días atrás a un conocido y supo contestar lo que yo mismo pensaba: Caos. A veces no pensamos, hábito bastante frecuente en estos tiempos, que el fracaso apate de formar algo diario en nuestras vidas es un elemento importante en la conformación de nuestras vidas y del equilibrio natural. Estoy contento de que no todo lo que pedido alguna ves se haya cumplido, lo que me significó que pudiera comprender que me faltaba esfuerzo, que la motivación real iba por otro lado o simplemente que era algo básico sin sentido: un simple capricho. Y también debo reconocer que he pedido cosas que no son buenas, que me vivieron en el enojo o la pena. Todos perdemos aunque sea unos momentos el juicio, o bien podemos razonar claramente, pero no de una forma politicamente correcta. En fin me reconforta tener presente que no todo lo que desee se va a cumplir, no vaya a haber otra vez que quera un capricho que dañe a otros. El tiempo nos va a decir porque vale la pena luchar y es ahí cuando me miraré las manos, mis piernas y corazón para decir: Joder! aca vamos de nuevo. Con la cara en alto y sin mirar atrás.

viernes, 28 de mayo de 2010

El tiempo sin mí


Dos veces quise decir: "Realmente ya no doy más", dos veces quedé tumbado en la cama, sin mirar, sin pensar, sin mover un solo músculo de mi cuerpo, sin siquiera fijarme que era lo que me rodeaba. Honestamente no me importaba que pasaba, la comodidad era generosa conmigo, me daba lo que estaba pidiendo hace tiempo: Paz. Claro, los segundos pasaron para darle paso a los minutos que juntos uno tras otros fueron formando horas, que al ir seguiendo si curso daban paso a mi tiempo, a mis horas, minutos y segundos. El tiempo no es tiempo perdido, nunca lo ha sido; ni aunque nos empeños en decir :"nunca debí..." ya que en el fondo de nuestro corazón, en una pequeña esquina hay un atisbo de recuerdo feliz. Y no hay nada como re-tomarlo, re-vivirlo, volverlo a sufrirlo y guardarlo otra vez. Puede que en una de esas locas escapadas a la montaña de recuerdos encontremos algo que de verdad nos eleve por un rato que nos haga soltar esas esquivas lágrimas, ya sean que fueran lindos o no. Como sea, alguna sensación va a salir, y eso es bueno. El hombre vive de sensaciones y no hay aprender a vivir.
El tiempo es tiempo y nunca dejará de serlo, nunca dejará de pasar y nunca, pero nunca va a tener ganas de congelarse para que disfrutemos el momento todo lo que queramos. La tarea va a ser una y no me remitiré al Carpe Diem, sino a otra labor: Si no aceptas aprende a vivir con ellos. Será más llevadera la vida sabiendo que tienes a cuestas una carga que sepas acomodar. Que caminando, pero pensando cada dos por tres que hay algo que sabes que pasó, que lo ignoras, pero cuando lo recuerdas caes. Vive, vive y aprende a vivir, disfruta si puedes, llora si es necesario. Haz lo que tu vida pida sin omitir nada. De todo sacarás algo.